Áreas de valor y fuentes de importancia en el rendimiento académico


Lilia María Revilla Nebreda
UEMC, Hospital Universitario de Burgos (HUBU), Asociación Vallisoletana de Alcohólicos Rehabilitados (AVAR)..
¿Cómo deberíamos tener en cuenta las fuentes de importancia del alumno? Y, ¿Hasta qué punto podría ser un factor de protección a la hora de obtener buenos resultados académicos?
Antes de nada, se deben tener en cuenta dos premisas: la relevancia (aun novedosa) del trabajo con valores y fuentes de importancia en terapia; y la obtención de altos resultados en el ámbito académico como logro general en nuestra sociedad.
Siguiendo la línea fijada en las líneas anteriores, en primer lugar y referente a la importancia de trabajar con valores en terapia, sería realmente interesante que los profesionales de los centros educativos tuvieran una formación básica en ello. Las Terapias de Tercera Generación (ACT) al margen de aportar una visión desetigmatizada y constructiva, también tiene como componente esencial el conocimiento de los valores importantes para el individuo. Las causas por las cuales un alumno puede tener más o menos interés en una asignatura son completamente variadas y no debemos tener la visión de que “es un vago o no vale para ello”, sería completamente reduccionista e ineficaz a la hora de plantear un cambio o una intervención. A su vez, este tipo de terapias también tiene presente saber cuál es la dirección hacia la que le interesa moverse al paciente (ACIP), y esta premisa, trasladada en el entorno académico, podría ser realmente útil.
¿Cómo lo lograríamos? Somos todos conocedores del papel del orientador en el entorno escolar, pero ¿Cuál es su repercusión en la vida real? Muchos son los alumnos que relacionan su falta de interés por los estudios con la ausencia de un camino u orientación acerca de su futuro. A la hora de decidir que carrera estudiar (o incluso que modalidad de bachillerato realizar) aún se desconoce el gran abanico de posibilidades. El conocimiento de este último, y con ello, la identificación de cuál es el ámbito que “mueve por dentro” al alumno sería clave para fomentar su motivación, y con ello su resultado.
Como fuentes de importancia, se destacarían a nivel general las siguientes: la pertenencia a un grupo, la trascendencia (dejar huella en los demás), la contribución a la sociedad, el crecimiento personal, la experiencia de sentir y estar en contacto con algo más grande, la coherencia con uno mismo y la orientación respecto a lo que nos importa. Con ello, quiero decir que, no tendrá las mismas inquietudes un individuo que obtenga la satisfacción mediante su crecimiento personal y la superación de sus propios logros que un sujeto que encuentre la realización en la aportación al prójimo o, como tercer ejemplo, el contacto con la naturaleza o la música.
Con el presente artículo deseo trasladar la importancia de conocer cuáles son las fuentes de felicidad en una persona también en el ámbito académico. Es evidente que los planes de estudios deben ser generales y otorgar la cultura y formación básica para poder salir “al mundo adulto” pero, la inclusión de está visión por parte de los tutores y profesionales a la hora de orientar sería sumamente reveladora.
A su vez, y como cierre a esta breve reflexión (la cual daría para muchas más líneas), considero esencial trasladar al alumnado que el reloj biológico no debe determinar cada paso que den. Con estas líneas pretendo referenciar la segunda premisa con la que comencé a escribir, la obtención de altos resultados en el ámbito académico es importante, pero también es importante saber que postergar un año la decisión sobre qué estudiar, o perder un curso por motivos personales, no es el fin del mundo ni te debe convertir en un mal alumno. Vivimos en una sociedad en la que desde pequeños se nos organizan ciertas metas por cumplir (y bien está tener cierta estructura) pero, la inmediatez se encuentra presente en todos los ámbitos de la sociedad. La cultura occidental tiene completamente interiorizada la lucha contra el malestar y contra todo lo que atente contra ese “reloj biológico” o el “ciclo normal a seguir”, lo cual da lugar al malestar psicológico, y con ello a la enfermedad. Dicho esto, el ámbito académico funciona con estas mismas pautas y se encuentra completamente empapado de prisas, metas y objetivos por cumplir sin pararse a conocer las peculiaridades de cada sujeto y cuál es la esencia del mismo. Todos estamos de acuerdo en que un sinfín de problemáticas deben ser prevenidas o “atacadas” desde el principio, y nada mejor que ofreciendo un sistema académico de calidad que no caiga en el error de tratar a los alumnos como productos que salen de la línea de máquinas de una fábrica.
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