Aprender a CRECER junto al alumn@ con TEA

Published On: 4 mayo, 2021

Irene de la Granja Muñoz | Maestra en Educación Especial Máster en Psicopedagogía

Aprender a CRECER junto al alumn@ con TEA

Después de más de 10 años, teniendo la suerte de haber compartido mi trayectoria profesional con alumnos/as con TEA de todas las edades, hace ya unos cuantos años, me di cuenta de que, sin reflexión, no hay aprendizaje y ahí es donde se posicionó mi punto de inflexión.

Hoy escribo estas letras, para invitaros a esa reflexión, pero no pretendo enseñar nada ni tampoco pretendo hacer ver ninguna realidad diferente. Solo pretendo que mi experiencia pueda animaros a pensar un poco más allá, para poder ver desde otro punto, desde otro prisma y así, podáis sacar vuestras propias conclusiones.

Cuando hablo de aprendizaje no me refiero al de los niños/as con las que compartía mi día a día en un aula especifica TEA y en sus aulas de referencia, sino al mío. Pero más allá de ello, me refiero a que ese aprendizaje también hizo que mis expectativas, mis propuestas y mis objetivos con ellos, se transformaran. Por lo que al final, si repercutió en ellos/as.

Hoy os quiero invitar a reflexionar sobre nuestro papel, nuestra posición y nuestra mirada. Lo que todo ello significa en la exclusión, segregación, integración o inclusión de los alumnos/as con TEA o con diversidad funcional.

La escuela y cada uno de sus agentes son una parte fundamental e importantísima en el desarrollo de cada uno de los niños/as que la pisa. Cada uno de nosotros, como profesionales, somos responsables de acompañarlos en su desarrollo evolutivo y así hacer accesible el aprendizaje. Esta, quizá fue mi primera reflexión.

No somos meros trasmisores de información.

Nuestro papel es el de acompañar, guiar, estar ahí, para poder impulsar, alentar y ver al niño/a en su particularidad. Y esto nos hace posicionarnos en otro lugar, nos hace reflexionar sobre nuestra práctica y nos provoca cuestionarnos en nuestro día a día. Y es bueno, es muy bueno. Nos hace vernos desde otro prisma y deja atrás al profesor/a instructor, haciendo presente a un profesor/a que trabaja desde la emoción, desde el corazón, desde las garantías de ser consciente de que sus alumnos/as, sin excepción, están, participan y además promocionan, crecen, evolucionan.

Y esa particularidad tan sutil en un principio, de verme de un modo u otro como maestra, es la que me invitó a la segunda reflexión.

Cada uno de nosotros/as somos especialmente distintos, cada uno de nosotros tenemos nuestras particularidades y además tenemos nuestros ritmos. ¿Estaba teniendo en cuenta yo, que TODOS/AS los niños/as, tienen su ritmo, su particularidad? ¿qué pasaba entonces con las etiquetas? ¿Cuál era el sentido de ellas, más allá del informativo?

Y ahí, crecí un poco más. Aprendí de mi mayor error. Descubrí, el significado de lo que es “normal” ¿y tú? ¿Sabes lo que es normal?

Lo normal, es ser diferente. Y con eso, de repente, ya todos estamos dentro.

La siguiente de mis reflexiones, fue darme cuenta, a raíz de cuestionarme para qué son las etiquetas, que lo que provocaban en mí, era limitante y como consecuencia, y sin ser consciente, limitaba a mis alumnos/as.
No miraba su talento, su capacidad, su potencialidad, me quedaba con la información sobre lo que le producía limitaciones en las diferentes áreas características del TEA, me centraba en ello y listo. Y aquí, vuelve de nuevo a aparecer lo importante de mirar más allá. Nuestra mirada, puede hacerles grandes o, sin embargo, hacerles muy pequeños. Cuando te centras en sus capacidades, aun teniendo en cuenta los aspectos a trabajar, para marcarte unos objetivos, cuando tu mirada parte de un pensamiento positivo, parte de saber, pensar y creer en su capacidad, los límites, no los ponemos nunca nosotros/as, nunca pondremos techo a sus aprendizajes, porque el aprendizaje es durante y para toda la vida. Nosotros estaremos siempre ahí para poder guiar, acompañar, aportar estrategias, herramientas y aprenderemos a aprender con cada uno de ellos/as.

Al final de todo este proceso personal de reflexión, sentí que ahora podía comenzar a aprender de verdad de ellos/as y podía seguir adelante para mejorar todos mis conocimientos. Ahí y solo ahí fue cuando descubría que el sistema no nos lo pone nada fácil, que carecemos de medios materiales y humanos, que las ratios son imposibles, pero que si un profesor/a, maestro/a, un especialista, pasa por un proceso personal de reflexión y se da cuenta de que nuestra mirada en muchas ocasiones, es la que limita y transformándola, podemos cambiar muchas situaciones, entonces, todas las demás limitaciones, las vemos también desde otro prisma.

Y a partir de ahí… CRECÍ. APRENDÍ A CRECER JUNTO A ELLOS/AS, MIS ALUMNOS CON TEA.

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